Los dictámenes del cambio

Hace dos días fui a recoger mis resultados del Toefl, un examen dedicado a la medición del conocimiento de inglés de alguna persona en específico; cuando se aprueba satisfactoriamente, se obtiene una certificación necesaria para entrar a cualquier universidad, en cualquier lugar del mundo de habla inglesa.

Al salir de presentar aquel examen, me encontré con un amigo, con el cual había tomado el curso para presentar dicho examen. Me dijo que estaba muy desanimado, debido a que había conseguido aquello que había querido por un par de años, sin embargo, ahora que ya está su meta a sus pies, se ha dado cuenta de que ya no quiere aquello por lo cual había soñado.

Su meta era el trabajar en la ciudad de Nueva York y vivir ahí. Recuerdo que desde el inicio del curso me dijo que su único motivo por enlistarse es para tener este documento necesario, que todo extranjero debe tener para poder ser considerado para estudiar o trabajar en el mundo anglo-parlante.

Ahora que ha conseguido este documento y la aprobación de una compañía de publicidad en la ciudad de Nueva York, mi compañero se ha dado cuenta que no quiere irse y que se encuentra muy feliz aquí en su país natal, siendo esto algo que le ha causado gran frustración y que aún no puede resolver, sin embargo, no tiene mucho tiempo para decidir.

El cambio es un aspecto natural en la vida, y el cambio hemos de saber que es de las pocas cosas que son certeras, ya que el mundo en sí está fundado en el cambio y el cambio es el que da pie a la existencia en sí.

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Se dice que el cambio, sea como sea, teniendo el rostro que tenga, siempre es bueno aunque parezca malo, algo que en primera instancia es muy complejo de entender, además de ser algo tremendamente debatible, ya que es posible probar que algunos cambios no son para bien.

Lo que sí es un hecho es que si en algún momento de nuestra vida nos vemos inmersos en un cambio que consideremos de carácter negativo, siempre es posible provocar otro cambio que se encamine hacia el polo opuesto, siendo esto la verdadera utilidad del cambio.

Si bien el cambio negativo puede ser contrarrestado con un cambio positivo, lo que no es posible y lo que es fuertemente condenado por las fuerzas no visibles al ojo humano, es evitar o tratar de evitar el cambio.

Cuando intentamos evitar el cambio, se produce una fricción que descompone la máquina de la vida y des-configura el código natural, lo que causa una mutación cuyo resultado solo es la destrucción y la imposición de métodos artificiales, que jamás podrán funcionar como la voluntad natural del mundo.

Esto me recuerda a las muchas personas que intentan arduamente el ocultar los efectos del envejecimiento a toda costa, efectos que por lo general siempre son visibles.

Hemos de siempre ir en cadencia armónica con los dictámenes del tiempo y del cambio.